LA HIJA DEL ESPANTAPÁJAROS
Loella era una niña de
12 años, no era muy simpática con la gente, tiene dos pequeños hermanos Rudolph
y Conrad que debe cuidar. Los tres vivían
en el bosque en una cabaña, ya que sus padres se separaron y su madre se fue a
trabajar a América. Loella a veces recolectaba frambuesas donde tiene un espantapájaros;
Loella lo llamaba papá Pelerín, porque siempre hablaba con él y le daba cosas
como leche, dulces o cartas, que eran dejadas allí por Fredrik Olsson, era un
viejo que también vivía en el bosque, él era muy aislado pero servicial y le
gustaba coleccionar sellos, Loella a cambio de las golosinas le dejaba allí
sellos postales que le llegaban cuando su mamá mandaba una carta. A Loella solo
la visitaba de vez en cuando su tía Adina, que también le llevaba bienes y
dinero para que comprara lo que ella necesitara, así a veces por las mañanas
ella salía al pueblo para comprar comida, la gente la llamaba “Malos Pelos” por
su cabello esponjado y rizado, dejando a sus hermanos solos en casa.
Un día Loella encontró
en uno de los bolsillos de papá Pelerín una carta de su madre, junto con un
pañuelo de seda, la carta hacia saber a Loella que su mamá había conseguido un
buen trabajo y entonces ella y sus hermanos tendrían que ir a la gran ciudad;
sus hermanos vivirían con su amiga llamada Agda Lundkvist, ella pasaría por
ellos en días de invierno, en cuanto a Loella, Agda se encargaría de llevarla a
una casa hogar. Loella se llenó de rabia, no quería dejar el bosque ni a papá
Pelerín, así desde ese momento solo esperaba porque ese día no llegara.
Un día cuando Loella
venia del pueblo, vio un auto cerca de la cabaña, solo pudo pensar en Agda, se
acercó cuidadosamente para que no la vieran, podía escuchar como sus hermanos
estaban llorando dentro de la cabaña; Loella estaba escuchando la plática de Agda
con su acompañante, donde hablaba mal de su padre y de lo bien que le iría por
cuidar a los niños. Loella se molestó y se dirigió al techo donde lanzando
bolas de nieve y gritando logro que Agda se fuera de allí.
Pasaron un par de días,
Loella se encontraba preparando algo para comer, cuando llegaron dos señoritas
con una carta (venían de parte de la casa hogar donde llevarían a Loella)
forzando a Loella de que tenían que irse, detrás de ellas entro Agda quien
comenzó a acomodar las cosas de los niños en una maleta, Loella no intento
oponerse a ellas, hizo todo lo que ellas le pidieron… Al salir miro a papá
Pelerín el cual tenía los brazos abiertos y rápidamente se dirigió hacia el
para darle un abrazo y se marchó con Agda.
Al llegar a la ciudad
Loella encontró todo muy diferente, la forma de vida, las decoraciones, como
las personas no se saludaban entre si. Loella recibió un cuarto para ella sola
lo cual se le hacía raro, las materias que le impartían en todas iba muy bien;
En una clase, una maestra decidió que los niños harían un dibujo para el día
del padre, Loella no sabía a quién dárselo pero aun así lo hizo, con mucho
empeño en cual todos le admiraron. Sus compañeras preguntaron por su papá,
Loella opto por comentar que él viajaba por todo el mundo, y que siempre
mandaba una carta en donde quiera que estuviera, una de sus compañeras
impresionada le dijo que si no le podía dar los sellos de sus cartas pues
debería tener muchos y distintos, Loella acepto. Loella fue a visitar
a sus hermanos y a Agda, iba más con el fin de preguntar sobre su padre, Agda
solo le dijo que ella tenía su mismo carácter y que él aún no se había vuelto a
casar, eso le dio mucha esperanza a Loella.
Un día, Loella tuvo la
sorpresa de que compartiría la habitación con Mona Flinck, ellas no se cayeron
del todo bien.
Una noche Mona trajo a
una amiga a la recamara, se llamaba Maggie. Hablaron un rato, después Mona
trajo un pliego de papel y un vasito. En el papel dibujó muchos círculos. El
juego se trataba que uno preguntara algo en silencio y los espíritus movían el
vaso. Uno sabía la respuesta porque en cada círculo había una letra, en otros
dos círculos salía sí y en el otro no. Invitaron a jugar a Loella. Maggie y
Mona preguntaron y el vaso se movía y se paraba en algunas letras. Le tocó a
Loella, el vaso se movió lentamente y deletreó “ABRIL”. Loella estaba feliz,
ella había preguntado cuándo vendría su padre y Abril estaba cerca. Desde allí Loella siempre soñaba aventuras donde imaginaba a su padre
rescatándola y en todas ellas su padre decía: “entonces tú debes ser mi hija”.
Llego el mes de abril,
Loella esperaba con ansias, por las mañanas se decía “tal vez hoy” y por las
noches “tal vez mañana”. Paso el mes y su padre nunca apareció para lo cual
Loella se frustro, culpando a los espíritus de que al final solo eran una
tontería.
El resto del tiempo que le quedaba en la casa
hogar lo paso muy triste. Unos días antes de irse fue a la ciudad para compran
algunos recuerdos, entre ellos fue un jabón que le recordaba a su maestra. El
día de su partida llegó, estaba haciendo la maleta, en eso vio el dibujo de su
papá lo tomo y lo arrojo a la basura, pero se arrepintió, lo doblo y lo puso
dentro de la maleta.
Agda la llevo a ella y a
sus hermanos a la estación del tren. Su tía Adina los recibió con un abrazo y
besos, y los llevo de nuevo a la cabaña. Cuando iban en el coche ya cerca de la
cabaña, Loella se asomó por la ventana en dirección en donde se suponía que
estaba Papá Pelerín, ella solo vio un gran bulto en el suelo, hizo que pararan
el coche, bajo y corrió rápidamente hasta el lugar de Papá Pelerín, el cual
estaba en el suelo, y junto a él un hombre con su sombrero y los brazos
abiertos. Loella enojada le exigió que acomodara de nuevo al espantapájaros, el
hombre solo le decía que él había venido buscando a su hija, Loella lo ignoraba
gritando y reclamando, pero de repente escucho decir a aquel hombre “Se llama
Loella”, Loella se calmó, y le pidió que lo repitiera varias veces, entonces
respondió: “Yo también me llamo Loella” a lo cual el solo dijo: “ENTONCES TÚ
DEBES SER MI HIJA”.
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